En los primeros años del siglo XIX, nuestro país llamado por entonces Banda Oriental, era dominada por los españoles. Un nombre se oía cada vez más en el medio rural: el de José Gervasio Artigas.
Según decían los hacendados mostraba “Eficacia, celo y conducta”. En 1805 era el principal militar oriental respetado por todos y temidos por algunos.
En mayo de 1810, estalló en Buenos Aires la revolución. Surgió allí porque había condiciones más favorables que en la Banda Oriental: era capital del virreinato, el elemento criollo estaba socialmente más fuerte y culturalmente mejor preparado, porque en años anteriores fue en Buenos Aires donde más se había sentido el debilitamiento de la institución virreinal. Artigas entendió que la buena causa estaba del lado de la revolución y ofreció sus servicios a la Junta de Gobierno de Buenos Aires prometiendo que “llevaría el estandarte de la libertad hasta los muros de Montevideo”.
Hay que recordar que en Montevideo existía una fuerte escuadrilla naval española que reconocía como autoridad al Consejo de Regencia, con sede en España y negaba apoyo a la Junta de Buenos Aires.
Creo necesario puntualizar el concepto de revolución, como un cambio rápido y profundo de la organización política, social y económica de un país o región. Este cambio se produjo en América Española en estos momentos porque en Europa avanzaban ideas como el elogio a la libertad, que los hombres nacían con derechos naturales como derecho a la vida, la libertad, la seguridad. ¿Qué ocurría por 1811 en la campaña de la Banda Oriental donde crecía la figura de Artigas? Había un creciente descontento y una disposición muy favorable para la lucha. Lo que resultaba difícil era organizar todas estas fuerzas y dirigirlas en un sentido determinado. Esto solo sería posible con la presencia de una fuerte y prestigiosa personalidad y en ese momento la Banda Oriental la tenía en José Gervasio Artigas. Su pensamiento y su acción transformarían el movimiento oriental en una fuerza rectora de la Revolución Rioplatense.
El ejército artiguista era la masa rural en armas, hacendados, capataces, peonada, esclavos y hombres de vida errante: indios, changadores. Cada hombre se incorporaba con su propio caballo, a pero y armas. Los ejércitos patriotas se organizaban en tres cuerpos clásicos: caballería, infantería y artillería. Alguna de las armas era la lanza de moharra, media luna, sable corvo y mosquetón.
El primer éxito importante de la revolución se produce un lejano 18 de mayo de 1811, en Las Piedras, donde se enfrenaron el ejército español al mando de capital posadas y las fuerzas orientales al mando de Artigas, que se dirigían a Montevideo. Hecho histórico que se conoce como el nombre de Batalla de las Piedras.
Tras 6 horas de lucha vencieron las fuerzas orientales y emerge la grandeza humanitaria de José Artigas al decir: “Clemencia para los vencidos, curad a los heridos”. Se respeto la vida de los soldados españoles, que habían combatido dignamente, defendiendo una cusa que ellos creían justa y los prisioneros fueron enviados a Buenos Aires. Es importante destacar que en la confrontación armada se manifiestan valores importantes, en José Gervasio Artigas: tolerancia, respeto a la vida, al honor.
El triunfo de la Batalla de las Piedras trabajo consecuencias importantes para la revolución:
1) Los orientales afirmaron su confianza en los recursos propios.
2) El gobierno de Buenos Aires vio disiparse el peligro de que sus ejércitos quedarán atrapados por las fuerzas españolas que actuaban en el norte argentino y las de Montevideo.
3) Las fuerzas orientales - argentinas sitiaron a Montevideo

La Batalla de Las Piedras se produjo a media mañana del 18 de mayo de 1811. Este enfrentamiento constituyó el primer triunfo importante de las fuerzas revolucionarias, en lo que luego sería Uruguay, al mando de José Gervasio Artigas. Las fuerzas comandadas por Artigas se enfrentaron a las fuerzas imperiales de España despachadas por el gobernador de Montevideo Francisco Javier de Elío, las cuales se oponían a la autoridad de la Junta de Mayo de Buenos Aires. Los dos bandos se enfrentaron en nombre de Fernando VII. El gobernador de Montevideo y ya entonces virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío, designó al capitán de fragata José Posadas, jefe de las fuerzas regulares que guardaban la Plaza fuerte. Posadas instaló su cuartel general en San Isidro Labrador de Las Piedras, en las cercanías de Montevideo, para librar allí un enfrentamiento decisivo contra los revolucionarios. En tanto que José Artigas, se ubicó en la villa de Nuestra Señora de Guadalupe. Los artiguistas llegaron a conformar un ejército de mil hombres, en tanto que las milicias de Posadas estaban constituidas por 1230 personas, de las cuales cerca de doscientas pasaron al bando de Artigas en medio del fragor de la lucha. El 18 de mayo se produjo el enfrentamiento del que resultó la victoria para los revolucionarios.
En referencia a los heridos del ejército español. Después de la batalla murió el primo de José Artigas, Manuel Artigas, homenajeado en Buenos Aires por ser el primer oficial muerto en combate por la causa revolucionaria.
La Batalla de Las Piedras (Detalles)

“Batalla de Las Piedras” Óleo de Manuel Rosé
Artigas había ido reuniendo las partidas sueltas de patriotas que se levantaban por todas partes, a fin de poder atacar a los españoles.
Tres columnas de soldados orientales partieron desde diversos puntos del territorio, listos para la batalla y entusiasmados con la idea de libertad.
La primera de ellas al mando de José Artigas, salió de Mercedes.
En segundo lugar partió Venancio Benavídez, y una tercera columna -dirigida por Manuel Francisco Artigas- salió de Maldonado, la que llegando a Pando, se encontró con una fuerza realista, pero Manuel Francisco evitó el combate y el 17 de mayo, se incorporó a las fuerzas de su hermano, acampadas en el Canelón Chico.
Los españoles, al enterarse de este plan se vengaron saqueando la estancia de Artigas, en el Sauce, de la cual arrebataron unas 1.000 cabezas de ganado que fueron despachadas hacia Montevideo. Los patriotas comenzaron su avance sobre Montevideo, y a medida que marchaban, lucharon y triunfaron en varios pueblos como en San José y Colonia.
Elío, al saber el avance de los revolucionarios, envió contra los revolucionarios al capitán de fragata José Posadas, con un ejército de más de 1.200 hombres, quién se dirigió a Las Piedras con sus soldados para esperar al ejército de Artigas. Posadas llegó a Canelones el 12 de mayo, y allí tuvo que detenerse durante cuatro días a causa de las fuertes lluvias y fríos, que no le permitieron seguir su marcha. El Jefe de los Orientales tenía a sus órdenes unos 1.000 combatientes.
Los dos ejércitos tenían paridad de fuerzas, pero en todo caso era una igualdad numérica, los dos ejércitos eran muy diferentes. Uno era un ejército que luego, con el tiempo, se llamó “Ejército Nuevo”, una nominación que surge de la historiografía y no del momento, es un nombre que consagra Agustín Verazza entre los historiadores uruguayos, que quería significar ese juntar fuerzas muy diversas en las que la profesionalidad no era lo que marcaba, sino el hecho de ser voluntarias y provenir de diversos orígenes. Con Artigas había muchísimos blandengues que se habían pasado, pero también había lo que se llamaba el "vecinaje alzado", gente que se levantaba en armas.
También hubo tres grupos soldados(blandengues) que integraban el ejército español y se pasaron a favor de los criollos en plena batalla. Uno fue la caballería al mando de Rosales, después hubo un alférez que apellidado Tort que se pasó con los veinte soldados a su cargo, y el tercer grupo fue de 135 presidiarios, que estaban detenidos en la Ciudadela y les ofrecieron: "siguen presos o se animan a ir a pelear". Eligieron ir a pelear, y después cambiaron de bando.
El 18 de mayo, a las 11 de la mañana, empezó la batalla. Los realistas pelearon con bravura hasta casi la puesta del sol; pero, a pesar de sus esfuerzos, fueron arrollados por los orientales y obligados a rendirse. Las fuerzas artiguistas avanzaron en una primera instancia sobre los españoles y, luego de un tiroteo, Posadas y sus hombres retrocedieron hasta una zona elevada. Se diría que estaban ahora en ventaja, pues un punto elevado siempre resulta estratégico. Artigas avanzó entonces hacia la posición española por la izquierda con la columna oriental de caballería al mando de Antonio Pérez y por la derecha, la columna comandada por Juan de León. En ese momento ordenó a la columna de su hermano, Manuel Francisco Artigas, que cercara a los españoles por la retaguardia.
De esta manera, Posadas y su ejército quedaron encerrados y se rindieron.
La actitud de Artigas al finalizar el combate fue tolerante y compasiva. Según la Prof. Ana Ribeiro: "Había blandengues de los dos lados, había españoles de los dos lados, eso es una cosa que hay que tener presente, sobre todo cuando se habla de esa frase tan discutida y repetida, “clemencia para los vencidos”, porque el odio al español se generalizó más adelante, pero en ese momento, hasta quince días antes, todos estaban del mismo lado y eran vecinos y parientes y gente que compartía el territorio y un sentimiento de identidad". Artigas envió al padre Valentín Gómez, capellán voluntario del ejército revolucionario, a recoger el sable que -como señal de rendición- Posadas había clavado en el piso y dar auxilio a los heridos. La diferencia entre los españoles y los revolucionarios era el armamento: los españoles disponían de armas con las cuales no contaban los revolucionarios, que pelearon con unos pocos fusiles y dos cañones, pero sobre todo boleadoras, lanzas construidas con hojas de tijeras de esquilar atadas a las cañas tacuaras o ramas de árboles que empleaban como “picanas” para arrear al ganado. La Batalla de Las Piedras constituyó el mayor triunfo militar de José Artigas. La importancia de la victoria se observó en que: - influyó en el estado de ánimo de los revolucionarios - renovó sus fuerzas - les dio confianza en sí mismos - Artigas fue nombrado coronel por la Junta - otros oficiales que lucharon con él también fueron ascendidos.
Proclama de abril de 1811 Proclama de Artigas a sus compatriotas, al iniciar su campaña, en Mercedes, el 11 de abril de 1811.
Leales y esforzados compatriotas de la Banda Oriental del Río de la Plata: vuestro heroico entusiasmado patriotismo ocupa el primer lugar en las elevadas atenciones de la Exma. Junta de Buenos Aires, que tan dignamente nos regentea. Esta, movida del alto concepto de vuestra felicidad, os dirige todos los auxilios necesarios para perfeccionar la grande obra que habéis empezado; y que continuando con la heroicidad, que es análoga a vuestros honrados sentimientos, exterminéis a esos genios díscolos opresores de nuestro suelo, y refractarios de los derechos de nuestra respetable sociedad. Dineros, municiones y tres mil patriotas aguerridos son los primeros socorros con que la Exma. Junta os da una prueba nada equívoca del interés que toma en vuestra prosperidad: esto lo tenéis a la vista, desmintiendo las fabulosas expresiones con que os habla el fatuo Elío, en su proclama del 20 de Marzo. Nada más doloroso a su vista, y a la de todos sus facciosos, que el ver marchar con pasos majestuosos, esta legión de valientes patriotas, que acompañados de vosotros van a disipar sus ambiciosos proyectos; y a sacar a sus hermanos de la opresión en que gimen, bajo la tiranía de su despótico gobierno. Para conseguir el feliz éxito, y la deseada felicidad a que aspiramos, os recomiendo a nombre de la Exma. Junta vuestra protectora, y en el de nuestro amado jefe, una unión fraternal, y ciego obedecimiento a las superiores órdenes de los jefes, que os vienen a preparar laureles inmortales. Unión, caros compatriotas, y estad seguros de la victoria. He convocado a todos los compatriotas caracterizados de la campaña; y todos, todos se ofrecen con sus personas y bienes, a contribuir a la defensa de nuestra justa causa. ¡A la empresa compatriotas! Que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra; y tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del Sur, están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con honor, que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio. Cuartel general de Mercedes, 11 de abril de 1811.
José Artigas.
Crónicas de la Batalla de las Piedras
Escritos del general Artigas y consecuencias de la batalla.
Hacia Las Piedras Con el impulso de don José Artigas las partidas que ya se habían acercado a la Plaza de Montevideo recogiendo caballadas y ganado se agrupan en tomo al Caudillo. Benavides se dirige a poner sitio a Colonia que caerá una semana después del triunfo de Las Piedras, el 26 de mayo, luego de un sitio de nueve días. Siempre siguiendo la figura del Héroe, eje central de todos estos sucesos, nadie mejor que él para narrarlos:
"Las ocupaciones que me han ofrecido el honroso cargo que usted tuvo a bien confiarme, no me han permitido, desde mi salida de esa capital, dar a usted una relación detallada de los movimientos practicados y el feliz suceso de las armas de la patria; pero he cuidado de avisarlos respectivamente al señor Belgrano y al coronel don José Rondeau, desde que fue nombrado jefe de este ejército, quienes creo lo harían a usted en iguales términos."
"Aprovecho sin embargo estos momentos para elevar a su conocimiento todas las operaciones de la división de mi cargo."
"Con ella llegué el 12 del corriente a Canelones, donde acampamos destacando partidas de observación cerca de los insurgentes que ocupaban las Piedras; punto el más interesante, así por su situación como por algunas fortificaciones que empezaban a formar y por la numerosa artillería con que lo defendían."
"En la misma noche se experimentó una copiosa lluvia, que continuó hasta las diez de la mañana del 16, en cuyo día destacaron los enemigos una gruesa columna a la estancia de mi padre, situada en el Sauce, a cuatro leguas de distancia de las Piedras, con objeto de batir la División de Voluntarios del mando de mi hermano don Manuel Francisco Artigas, que regresaba por orden mía de Maldonado, a incorporarse con mi División. Se hallaba acampado en Pando y luego que sus avanzadas avistaron al enemigo, me dio el correspondiente aviso pidiéndome 300 hombres de auxilio: en cuya consecuencia y de acuerdo con los señores capitanes determiné marchar a cortar a los enemigos".
" En los días previos a la batalla Elío trató de atraerse a Artigas a su causa por intermedio de su concuñado don Antonio Pereira. Llevaba la carta don Manuel Villagrán (cuñado y primo del mismo). Artigas respondió: "Sólo aspiro al bien de mi Patria en la justa causa que sigo."
"Dispuesta así la División de mi cargo, marché en columna al ponerse el sol con dirección al Sauce: hice alto en las puntas del Canelón chico, donde cerró la noche: el 17 amaneció lloviendo copiosamente y dispuse acamparme, así por dar algún descanso a la tropa, que en medio de su desnudez e insoportable frío, había sufrido tres días y medio de continua lluvia, como por el imprescindible interés de conservar las armas en buen uso."
"En la tarde del mismo día se incorporó a mi División la del mando de mi hermano don Manuel, compuesta de 304 voluntarios, reunidos por él en la campaña, por la mayor parte bien armados."
"La salida de los enemigos de su posición se verificó el 16: pero se redujo a saquear completamente la casa de mi padre y recoger sobre mil cabezas de ganado, que en la misma noche se introdujeron en la plaza".
" En esa operación fue llevado prisionero a la plaza el hermano mayor de don José Artigas, José Nicolás Artigas Pascual. "El 18 amaneció sereno: despaché algunas partidas de observación sobre el campo enemigo, que distaba menos de dos leguas del mío y a las nueve de la mañana se me avisó que hacían movimiento con dirección a nosotros. Se trabó el fuego con mis guerrillas y los contrarios, aumentando sucesivamente su fuerza, se reunieron en una loma distante una legua de mi campamento."
"Exhorté a las tropas recordándoles los gloriosos triunfos que había inmortalizando la memoria de nuestras armas y el honor con que debían distinguirse los soldados de la patria y todos unánime exclamaron con entusiasmo, que estaban resueltos a morir en obsequio de ella. Emprendí entonces la marcha. Los insurgentes hicieron una retirada aparente acompañada de algún fuego de cañón."
"Montó nuevamente la infantería y cargó sobre ellos: es inexplicable, Señor Excelentísimo el ardor y entusiasmo con que mi tropa se empeñó entonces en mezclarse con los enemigos, en términos que fue necesario todo el esfuerzo de los oficiales y mío, para contenerlos y evitar el desorden." "Los contrarios nos esperaban situados en la loma indicada arriba, guardando formación de batalla con 4 piezas de artillería, 2 obuses de a 32 colocados en el centro de su línea y un cañón en cada extremo de a 4. En igual forma dispuse mi infantería, con las 2 piezas de a 2 y se trabó el fuego más activo. La situación ventajosa de los enemigos, la superioridad de su artillería así en el número como en el calibre y dotación de 16 artilleros en cada una y el exceso de su infantería sobre la nuestra, hacían la victoria muy difícil; pero mis tropas enardecidas se empeñaban más y más y sus rostros serenos pronosticaban las glorias de la Patria. El tesón y orden de nuestros fuegos, el arrojo de los soldados, obligó a los insurgentes a salir de su posición, abandonando un cañón que en el momento cayó en nuestro poder con una carreta de municiones."
"Ellos se replegaron con el mejor orden sobre las Piedras, sostenidos del incesante fuego de su artillería y como era verosímil que en aquel punto hubiesen dejado alguna fuerza cuya reunión nos era perjudicial, ordené que cargaran sobre ellos las columnas de caballería de los flancos y la encargada de cortarles su retirada: de esta operación resultó, que los enemigos quedasen encerrados en un círculo bastante estrecho: aquí empezó la acción con la mayor viveza de ambas partes, pero después de una rigurosa resistencia se rindieron los contrarios, quedando el campo de batalla en poder nuestro."
"La tropa enardecida pronto hubiera descarado su furor sobre las vidas de todos ellos, para vengar la inocente sangre de nuestros hermanos, acabada de verter para sostener la tiranía; pero ellos al fin participando de la generosidad que distingue a la gente americana, cedieron a los impulsos de nuestros oficiales empeñados en salvar a los rendidos."
"La acción tuvo principio a las 11 del día y terminó al ponerse el sol; la fuerza enemiga ascendía en el todo, según los informes menos dudosos que he podido adquirir, a 1230 individuos."
"El hecho mismo demuestra bastantemente la gloria de nuestras armas en esta brillante empresa; la superioridad en el todo de la fuerza de los enemigos, sus posiciones ventajosas, su fuerte artillería y particularmente el estado de nuestra caballería, por la mayor parte armada de palos con cuchillos enastados, hacer ver indudablemente, que las verdaderas ventajas que llevaban nuestros soldados sobre los esclavos de los tiranos estarán siempre selladas en sus corazones inflamados del fuego que produce el amor a la patria."
"También han llenado su obligación los Voluntarios de caballería y sus dignos jefes; siendo admirable, Excelentísimo Señor, la fuerza con que el patriotismo más decidido ha electrizado a los habitantes todos de esta campaña, que después de sacrificar sus haciendas gustosamente en beneficio del ejército, brindan todos con sus personas, en términos que podría decirse, que son tantos los soldados con que puede contar la patria, cuantos son los americanos que la habitan en esta parte de ella."
"En la noche del 18 acampé en las inmediaciones de las Piedras hacía Montevideo, en la situación más ventajosa y cómoda, para oponerme a alguna tentativa del enemigo, que se esperaba según las noticias adquiridas, pero él no hizo movimiento."
"El 24 fueron ignominiosamente arrojadas de la plaza por su tiránico gobierno varias familias, vecinos y eclesiásticos, sobre cuyo violento accidente hablé a usted en otro papel."
"Estos han sido los movimientos de la División que he tenido el honor de mandar y éstos, Excelentísimo Señor, son los momentos en que me considero elevado por la fortuna al grado de felicidad más alta, si las armas de mi mando han podido contribuir a perfeccionar la grande obra de libertad de mi amada patria y dar a usted, que la representa, un día tan glorioso como aciago y terrible para los indignos mandones que desde su humillada situación intentan en vano oprimirla."
"Dios guarde a usted muchos años. Campamento del Cerrito de Montevideo, 30 de mayo de 1811."
Fuentes:
http://coloniatotal.com.uy/nueva-helvecia/4242-18-de-mayo-batalla-de-las-piedras
http://www.viajarauruguay.com/historia-batalla-de-las-piedras/
http://www.uruguayeduca.edu.uy/Portal.Base/Web/verContenido.aspx?ID=201901
http://www.ejercito.mil.uy/RRPP/paginas/013piedras.htm
http://www.uc.org.uy/d1000a.htm
http://www.artigas.org.uy/fichas/historia_militar/hm_las_piedras_01.html